e mërkurë, 22 tetor 2008
A number drives me crazy
Los números son la interpretación exacta de la naturaleza y su comportamiento. Y Yo dentro de su sistema soy el conductor designado y pariente de su chisme.
Ellos sólo saben de mí lo que yo quiero que sepan.
Mi vida son ocho fantasías.
Ellos saben datos disparatados
que yo no recuerdo haberles compartido.
Saben cuantos focos hay en la casa,
cuantos cuartos tengo, cuantos baños con regadera funcionan,
saben si mi calle está pavimentada
o si tengo microondas.
Ellos saben lo que tengo y lo que no.
En consecuencia,
ellos saben cuánto quitarme y qué venderme,
en consecuencia,
me tienen, entre todos, con las manos en el cuello.
Pero no saben que los sábados bailo cumbias en la cocina,
que siempre sueño con mi cactus
y mi guitarra tocándose sola su primera melodía.
No conocen ni mi cueva, ni su ruta favorita,
ni saben que puedo desaparecer entre un truco de humo
con decir tan solo mi conjuro haciendo un poco de comedia.
Aunque ellos ya sabrán, para aclaración o reto,
encontrarme en la cantina que acostumbro
y a la que nunca podrán entrar:
en primera porque no están invitados,
y en segunda porque no son bienvenidos.
Ellos saben datos disparatados
que yo no recuerdo haberles compartido.
Saben cuantos focos hay en la casa,
cuantos cuartos tengo, cuantos baños con regadera funcionan,
saben si mi calle está pavimentada
o si tengo microondas.
Ellos saben lo que tengo y lo que no.
En consecuencia,
ellos saben cuánto quitarme y qué venderme,
en consecuencia,
me tienen, entre todos, con las manos en el cuello.
Pero no saben que los sábados bailo cumbias en la cocina,
que siempre sueño con mi cactus
y mi guitarra tocándose sola su primera melodía.
No conocen ni mi cueva, ni su ruta favorita,
ni saben que puedo desaparecer entre un truco de humo
con decir tan solo mi conjuro haciendo un poco de comedia.
Aunque ellos ya sabrán, para aclaración o reto,
encontrarme en la cantina que acostumbro
y a la que nunca podrán entrar:
en primera porque no están invitados,
y en segunda porque no son bienvenidos.
e martë, 21 tetor 2008
e enjte, 4 shtator 2008
Un viaje de a deveras.
Para no variar llegaron tarde al aeropuerto y entonados por la botella de vodka màs barata y el jugo de naranja más horrible que encontraron. Tenían medido el tiempo para pasar al baño y echarse un cigarrito antes de subir al avión. El encanto residía en ser los ultimos en abordar.
El avión salía 6:10, y a las 6:03 estaban dándole la última fumada al cigarro a escondidas en el baño. Nunca habían visto peores baños que los del aeropuerto de Tijuana, estaban todos asquerosos, con guacaras y mierdas de colores flotando quietas en las tazas.
Cada uno se estaba echando, en su cubículo apestoso, un tabaco. Los tres. Zorba el grifo, Quique, y el Marquitos.
A las 6:04 exactamente se escuchó un espantoso grito:
¡¡NOOOOOO!!
Que ¿qué pasó? Nada. A Marquitos se le había caído a la letrina su pasaporte, su pase de abordar y su pipa para fumar piedra.
¡¡NOOOOO!!...¡¡Mi pipa!!
Sólo él sabía lo inconsolable de sus trágicas palabras. La pipa era una pipa artesanal de aluminio con filtro de cobre y piel de becerro tierno en la boquilla para no quemarse los labios.
¡¡¡¡MI PUTA PIPA!!!!
Los seis minutos restantes, Quique y Zorba el grifo se la pasaron botados de la risa mientras veían flotar entre la porquería los documentos: la pipa yacía en el fondo.
Se lo tuvieron que llevar casi arrastrando y de las grañas porque Marquitos quería aferrarse a idear alguna maña para rescatar sus pertenencias, o más bien su pipa.
Explicaron al personal correspondiente lo sucedido y el avión salió 15 minutos tarde porque mandaron al servicio de limpieza a solucionarle el accidente. Lo dejaron subir sin pase y el pasaporte se lo entregaron entre miles de servilletas perfumadas en un una bolsita sellada. La pipa, por supuesto, no pudo ser recuperada.
"Your attention, please".
En caso de una pérdida de presión en la cabina, o situación de emergancia, de los compartimientos superiores, caerán frente a usted un rosario y un librito de oraciones con anexo de locuciones latinas. Les suplicamos no llevárselos a casa.
"Thank you"
Ya en pleno vuelo, se la pasaron pidiendo cervezas como si las estuvieran pagando. De cierto modo, todo lo que pudieran consumir en el trayecto estaba pagado y a precio muy caro.
Marquitos estaba enojado y sus motivos tenía. Quique y Zorba sólo estaban borrachos, pero Marquitos, pedo y enojado, es de lo peor. Comenzó por ofender a la azafata, siguió con maldiciones al capitán de la tripulación, se quería pelear con el vecino de enfrente, luego cantó, luego se vomitó y por último se quedó dormido.
Dejaron de pedir cerveza por pena y porque Zorba el grifo traía un mezcal de a cauartito en la mochila. Sólo pidieron el jugo y que por cierto estaba peor que el que tomaron horas antes.
Quique y Zorba terminaron cantando cuando el avión comenzaba a descender y los vecinos se quejaban airadamente de ellos. Pidieron una disculpa pública falsa a carcajadas. Marquitos se despertó de malas, crudo y peor que cuando se durmió, pero ya estaban en tierra.
Se prometieron unas chelas y no volver a volar ebrios. Al menos no en esa aerolínea.
Por si fuera poco, se fueron a quejar por el servicio, pero no los atendieron.
El avión salía 6:10, y a las 6:03 estaban dándole la última fumada al cigarro a escondidas en el baño. Nunca habían visto peores baños que los del aeropuerto de Tijuana, estaban todos asquerosos, con guacaras y mierdas de colores flotando quietas en las tazas.
Cada uno se estaba echando, en su cubículo apestoso, un tabaco. Los tres. Zorba el grifo, Quique, y el Marquitos.
A las 6:04 exactamente se escuchó un espantoso grito:
¡¡NOOOOOO!!
Que ¿qué pasó? Nada. A Marquitos se le había caído a la letrina su pasaporte, su pase de abordar y su pipa para fumar piedra.
¡¡NOOOOO!!...¡¡Mi pipa!!
Sólo él sabía lo inconsolable de sus trágicas palabras. La pipa era una pipa artesanal de aluminio con filtro de cobre y piel de becerro tierno en la boquilla para no quemarse los labios.
¡¡¡¡MI PUTA PIPA!!!!
Los seis minutos restantes, Quique y Zorba el grifo se la pasaron botados de la risa mientras veían flotar entre la porquería los documentos: la pipa yacía en el fondo.
Se lo tuvieron que llevar casi arrastrando y de las grañas porque Marquitos quería aferrarse a idear alguna maña para rescatar sus pertenencias, o más bien su pipa.
Explicaron al personal correspondiente lo sucedido y el avión salió 15 minutos tarde porque mandaron al servicio de limpieza a solucionarle el accidente. Lo dejaron subir sin pase y el pasaporte se lo entregaron entre miles de servilletas perfumadas en un una bolsita sellada. La pipa, por supuesto, no pudo ser recuperada.
"Your attention, please".
En caso de una pérdida de presión en la cabina, o situación de emergancia, de los compartimientos superiores, caerán frente a usted un rosario y un librito de oraciones con anexo de locuciones latinas. Les suplicamos no llevárselos a casa.
"Thank you"
Ya en pleno vuelo, se la pasaron pidiendo cervezas como si las estuvieran pagando. De cierto modo, todo lo que pudieran consumir en el trayecto estaba pagado y a precio muy caro.
Marquitos estaba enojado y sus motivos tenía. Quique y Zorba sólo estaban borrachos, pero Marquitos, pedo y enojado, es de lo peor. Comenzó por ofender a la azafata, siguió con maldiciones al capitán de la tripulación, se quería pelear con el vecino de enfrente, luego cantó, luego se vomitó y por último se quedó dormido.
Dejaron de pedir cerveza por pena y porque Zorba el grifo traía un mezcal de a cauartito en la mochila. Sólo pidieron el jugo y que por cierto estaba peor que el que tomaron horas antes.
Quique y Zorba terminaron cantando cuando el avión comenzaba a descender y los vecinos se quejaban airadamente de ellos. Pidieron una disculpa pública falsa a carcajadas. Marquitos se despertó de malas, crudo y peor que cuando se durmió, pero ya estaban en tierra.
Se prometieron unas chelas y no volver a volar ebrios. Al menos no en esa aerolínea.
Por si fuera poco, se fueron a quejar por el servicio, pero no los atendieron.
Ellas usan el mismo perfume.
Hay una mujer-venada bañandose a la orilla de mi corazón
que me presagia y me esculpe con sus manos, se come las uñas
y me ofrece un pasaporte al paraíso
que le prometió desnuda la elocuencia.
Un mal no necesario al que me dirijo
en línea recta, de bajada, y sin frenos.
que me presagia y me esculpe con sus manos, se come las uñas
y me ofrece un pasaporte al paraíso
que le prometió desnuda la elocuencia.
Un mal no necesario al que me dirijo
en línea recta, de bajada, y sin frenos.
Diagnositosis
Estos orgullosos oídos
sufren de frecuente alergia a los sollozos
derivada de una insuficiencia de razón
por culpa de mis ojos necios.
Hasta aquí llegó el rumor desagradable:
La ignorancia da felicidad,
la sabiduría infidelidades.
sufren de frecuente alergia a los sollozos
derivada de una insuficiencia de razón
por culpa de mis ojos necios.
Hasta aquí llegó el rumor desagradable:
La ignorancia da felicidad,
la sabiduría infidelidades.
e mërkurë, 3 shtator 2008
En la pulquería III
Don Raúl López-Portillo Corona, amigo y paisano del difunto Pedro Infante, me contó en la pulquería la siguiente anécdota:
Yo tenía un primo, Jesús López-Portillo, que se sentía poeta, llevaba una vida bohemia y se la gastaba en cantinas y burdeles.
Una ocasión, en uno de esos lugares, estando aferrado al vaso, llegó a saludarlo un conocido, que le hizo a un lado la botella y le entregó una servilleta con una petición escrita que decía:
Jesús, amigo mío, te ruego que me digas por favor qué quiere decir amor y por qué lo pintan ciego...
El tal Jesús la leyó, se émpinó de un sorbo lo restante, encendió un cigarro, dejó pasar unos segundos, dió vuelta a la servilleta y ahí en el reverso comenzó a escribir:
Amor es sublimidad,
sensación divina,
que nos llena de encanto y nos fascina
y nos presta de Dios la inspiración.
Ciego lo pintan
porque al ir dejando nustros pasos rotos
nos dirige flechazos a los ojos
para herirnos después el corazón.
Con más o menos palabras esa fue nuestra breve platica. El poeta Jesús López-Portillo vivió poco. Vivía sólo con su mamá. Un día se le ocurrió a la mamá decirle al hijo que tenía pensado casarse con un señor del pueblo. No le hubiera dicho nada porque apenas se enteró Jesús y subió a su cuarto, se encerró, me imagino que se echó uno o dos tragos, y de un balazo se quito la vida.
Por cierto que la mamá ya ni se casó.
Yo tenía un primo, Jesús López-Portillo, que se sentía poeta, llevaba una vida bohemia y se la gastaba en cantinas y burdeles.
Una ocasión, en uno de esos lugares, estando aferrado al vaso, llegó a saludarlo un conocido, que le hizo a un lado la botella y le entregó una servilleta con una petición escrita que decía:
Jesús, amigo mío, te ruego que me digas por favor qué quiere decir amor y por qué lo pintan ciego...
El tal Jesús la leyó, se émpinó de un sorbo lo restante, encendió un cigarro, dejó pasar unos segundos, dió vuelta a la servilleta y ahí en el reverso comenzó a escribir:
Amor es sublimidad,
sensación divina,
que nos llena de encanto y nos fascina
y nos presta de Dios la inspiración.
Ciego lo pintan
porque al ir dejando nustros pasos rotos
nos dirige flechazos a los ojos
para herirnos después el corazón.
Con más o menos palabras esa fue nuestra breve platica. El poeta Jesús López-Portillo vivió poco. Vivía sólo con su mamá. Un día se le ocurrió a la mamá decirle al hijo que tenía pensado casarse con un señor del pueblo. No le hubiera dicho nada porque apenas se enteró Jesús y subió a su cuarto, se encerró, me imagino que se echó uno o dos tragos, y de un balazo se quito la vida.
Por cierto que la mamá ya ni se casó.
e premte, 8 gusht 2008
Insomnio voluntario
Creo haber descubierto la ruta dulce aproximada
al misterio mágico de los cuerpos incandescentes:
el chiste no consiste en pedir un deseo cuando pasa la estrella fugaz,
sino que pase dicha estrella cuando estoy pidiendo mi deseo.
A lo cual concluyo que uno debe estar
siempre lleno de deseos
y de estrellas fugaces por supuesto.
al misterio mágico de los cuerpos incandescentes:
el chiste no consiste en pedir un deseo cuando pasa la estrella fugaz,
sino que pase dicha estrella cuando estoy pidiendo mi deseo.
A lo cual concluyo que uno debe estar
siempre lleno de deseos
y de estrellas fugaces por supuesto.
En la pulquería II
Aquí ya varios sienten pasos en la azotea. Por eso dijo don Medina, de 93 años:
"Cuando yo me muera los voy a extrañar muchísimo" -pausa de un minuto pseudoreflexivo y un trago bien medido-"hay se las dejo de tarea"...
don Medina Salazar.
"Cuando yo me muera los voy a extrañar muchísimo" -pausa de un minuto pseudoreflexivo y un trago bien medido-"hay se las dejo de tarea"...
don Medina Salazar.
Elegía al cigarro.
Mi cenicero es una fuente imaginaria
y mi vicio un toque de guerra en la trompeta.
A la próxima señal, palabra, tosido,
o indirecta que prohiba fumar,
le haré pagar su intolerancia
lanzándole donitas de humo
entre otras suertes.
y mi vicio un toque de guerra en la trompeta.
A la próxima señal, palabra, tosido,
o indirecta que prohiba fumar,
le haré pagar su intolerancia
lanzándole donitas de humo
entre otras suertes.
En la pulquería I
"Los niños y los borrachos dicen lo que hacen, los viejos lo que hicieron y los pendejos lo que van a hacer"...
Richard...
Richard...
Fixin´ the world
Estamos tratando de componer
en este mundo todo.
Absolutamente todo.
Disculpe las molestias.
en este mundo todo.
Absolutamente todo.
Disculpe las molestias.
e mërkurë, 21 nëntor 2007
e premte, 19 tetor 2007
Dejensela caer...
¡Objeción, su señoría!
Siendo una constante, nunca habría excusa para una negativa.
No es el hecho de tomar, sino de ponerse hasta la madre.
Yo no conozco aún el otro mundo. Es por eso que no me puedo perder los estados alternos del presente a expensas de sacrificar mi sobriedad.
No es el hecho de tomar, sino de ponerse hasta la madre.
Yo no conozco aún el otro mundo. Es por eso que no me puedo perder los estados alternos del presente a expensas de sacrificar mi sobriedad.
Tallo viendo...
Octubre empezó lento. Y a mediados, esta lluvia que moja la mañana y mis proyectos:
Mi cafecito, mis cigarros, las cobijas y todo el día para pensar en ella. Está como para quedarse empiernado.
Anoche aprendí a esperar mientras camino; y hoy decidí andar por todos lados cantando la misma canción hasta que me la aprenda.
Estas mañanas melancólicas y nubladas me están poniendo tequilera la mirada.
Mi cafecito, mis cigarros, las cobijas y todo el día para pensar en ella. Está como para quedarse empiernado.
Anoche aprendí a esperar mientras camino; y hoy decidí andar por todos lados cantando la misma canción hasta que me la aprenda.
Estas mañanas melancólicas y nubladas me están poniendo tequilera la mirada.
e hënë, 6 gusht 2007
Descanse en paz, don Pelos.
Hoy murió don Pelos; así le decían –le decíamos-, don Pelos. Nadie lo conocía por su nombre y nadie nunca se lo preguntó. Nadie, más bien, le dirigía la palabra. Don Pelos era el viejo que vivía bajo el puente peatonal frente a la fábrica de los japoneses. Apareció desde febrero dando lástimas; apestando a rayos sulforosos. Su hedor lo delataba unos veinte metros a la redonda, fácil. Ya no olía a sudor, porque todo el tiempo se la pasaba echado en la sombra sobre un cartón, o sentado sobre la banqueta espantando a los niños: olía a que se estaba echando a perder. Al principio le preguntaba la gente si ya había comido y aunque no les respondía, de cualquier forma le llevaban un taco de carne asada, un sándwich, o algo que le entretuviera la barriga.
Pero se empezó a llenar de moscas hace como dos meses y las personas dejaron de compadecerlo. Don Pelos ya no batallaba con las moscas que se le atoraban en la barba que, por supuesto, le llegaba hasta el pecho de guajolote descubierto, cocido por los espíritus etílicos. Después se le empezó a inflar la barriga como a esos perros que llevan días de muertos en los baldíos y en los basureros. Solamente uno que otro valiente se acercaba a él para arrimarle un panalito de mezcal, o un cuartito de aguardiente.
Don Esteban le dejó a un lado, los últimos tres lunes, una botellita de alcohol puro destilado: “Para que no la sienta cuando llegue, jefe”, y don Pelos asentía imperceptible con la cabeza como agradeciendo.
Si había algún deseo genuino hacia él, era el mismo entre todos: que se muriera lo más pronto. Se tomaba el alcohol como si el agua fuera agua y él fuera un camello atravesando el Sahara.
Desde el martes pasado ya no se levantó; ya no se movía tampoco. Sabíamos que estaba vivo porque cada vez que pasábamos por allí, la botella de mezcal iba bajando su nivel. Aún así le movían por ratos con una vara, movía las cejas o abría los ojos y lo dejaban otra vez que siguiera descansando.
Hoy en la mañana pasé por el puente y la ambulancia iba llegando. La gente rodeaba a don Pelos tapándose con la mano la boca y la nariz. Ya tenía su veladora y un perro estaba husmeándole las piernas. Nadie espantaba al perro. Yo me asomé entre la gente y lo miré ahí tendido, con la panza todavía más inflada, la camisa desabrochada, el pantalón también desabrochado y la lengua de fuera, como si se hubiera muerto de un susto. La lengua era negra y la cara la tenía morada, casi negra también.
Quince minutos después llegó la policía y los peritos inspectores, pero antes ya habían llegado los reporteros amarillistas. Le tomaron las fotos y le pusieron la sábana.
Nadie lloró y nadie hizo ningún comentario. La señora de los tamales se acomidió a lavar el piso pero el olor no se quitó. La gente se fue retirando poco a poco y yo llegué otra vez tarde al trabajo.
Pero se empezó a llenar de moscas hace como dos meses y las personas dejaron de compadecerlo. Don Pelos ya no batallaba con las moscas que se le atoraban en la barba que, por supuesto, le llegaba hasta el pecho de guajolote descubierto, cocido por los espíritus etílicos. Después se le empezó a inflar la barriga como a esos perros que llevan días de muertos en los baldíos y en los basureros. Solamente uno que otro valiente se acercaba a él para arrimarle un panalito de mezcal, o un cuartito de aguardiente.
Don Esteban le dejó a un lado, los últimos tres lunes, una botellita de alcohol puro destilado: “Para que no la sienta cuando llegue, jefe”, y don Pelos asentía imperceptible con la cabeza como agradeciendo.
Si había algún deseo genuino hacia él, era el mismo entre todos: que se muriera lo más pronto. Se tomaba el alcohol como si el agua fuera agua y él fuera un camello atravesando el Sahara.
Desde el martes pasado ya no se levantó; ya no se movía tampoco. Sabíamos que estaba vivo porque cada vez que pasábamos por allí, la botella de mezcal iba bajando su nivel. Aún así le movían por ratos con una vara, movía las cejas o abría los ojos y lo dejaban otra vez que siguiera descansando.
Hoy en la mañana pasé por el puente y la ambulancia iba llegando. La gente rodeaba a don Pelos tapándose con la mano la boca y la nariz. Ya tenía su veladora y un perro estaba husmeándole las piernas. Nadie espantaba al perro. Yo me asomé entre la gente y lo miré ahí tendido, con la panza todavía más inflada, la camisa desabrochada, el pantalón también desabrochado y la lengua de fuera, como si se hubiera muerto de un susto. La lengua era negra y la cara la tenía morada, casi negra también.
Quince minutos después llegó la policía y los peritos inspectores, pero antes ya habían llegado los reporteros amarillistas. Le tomaron las fotos y le pusieron la sábana.
Nadie lloró y nadie hizo ningún comentario. La señora de los tamales se acomidió a lavar el piso pero el olor no se quitó. La gente se fue retirando poco a poco y yo llegué otra vez tarde al trabajo.
e mërkurë, 25 korrik 2007
Breve momento de la lucidez del engendro
Voy a decir lo que es una borrachera:
Un segundo antes de abandonar la conciencia, balbucear incoherencias en política; eso, y tratar de convencer a un desconocido, en un lugar que se ha vuelto remoto, para que se abstenga de votar en las siguientes elecciones, de ahí a cinco años.
El siguiente instante, la noción de supervivencia, es despertarse en el baño de la casa al mediodía, tirado en el piso, desnudo y con raspones por todo el cuerpo.
Eso, maestro, es digno de piedad. Y de orgullo.
Un segundo antes de abandonar la conciencia, balbucear incoherencias en política; eso, y tratar de convencer a un desconocido, en un lugar que se ha vuelto remoto, para que se abstenga de votar en las siguientes elecciones, de ahí a cinco años.
El siguiente instante, la noción de supervivencia, es despertarse en el baño de la casa al mediodía, tirado en el piso, desnudo y con raspones por todo el cuerpo.
Eso, maestro, es digno de piedad. Y de orgullo.
e hënë, 23 korrik 2007
Trapitos...
Aquí está el video donde se puede observar a Dalí dándole una auténtica cátedra a Zabludovsky. Parece que Jacobo piensa estar platicando con un chifladillo de taberna, mientras el maestro exhibe la imprudencia e infortunio del reportero, quien debió dar por terminada su carrera desde ese momento. Por dignidad.
e martë, 17 korrik 2007
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